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EL FINAL: Una leyenda oculta: Miguel González Díaz. Parte II

Una leyenda oculta: MIGUEL GONZÁLEZ DÍAZ

 

PARTE II

 

Resulta insólito el modo en que la vida va esparciendo por nuestro camino los restos de nuestro destino, o cómo en ocasiones juega con las personas mientras éste destino queda disperso en varios senderos, cada cual con su encanto, y cuya elección se basa en el susurro inconmovible de nuestro corazón, en la presión del injusto mundo que nos rodea, o bien en el uso de la razón.

Cada mañana al madrugar, Miguel podía sentir cómo su cuerpo requería más horas de descanso, pues el que se tomaba cada noche era insuficiente en torno al desgaste que cada día soportaba, o dicho de otro modo, incompatible a los senderos que había decidido cruzar conjuntamente. Su rutina diaria se basaba en: el trabajo en el taller; entrenar los miércoles y viernes con el Juventud Balompié; disp***r los partidos correspondientes con el equipo verdiblanco; jugar partidos con el Dos Hermanas C.F.; y cada día que fuera necesario, cuidar del ganado cuando su padre no pudiera hacerse cargo de él. Y cómo no, desplazarse andando de un sitio a otro –incluyendo cuando el equipo disp***ba partidos fuera–, donde en muchas travesías el buen temporal no acompañaba. El fútbol podía concederle ilusión, satisfacción, incluso vivir lo que en su día pudiera parecer una quimera, pero ni una peseta.

Por supuesto, el hecho de que tuviera que desplazarse a pié de un lado para otro era desconocido por todos y cada uno de los miembros del conjunto verdiblanco. Ni siquiera su entrenador lo sabía, para quien González había pasado a ser su ojito derecho junto a otro jugador que por aquel entonces también poseía un prometedor futuro como futbolista, Víctor. Ambos eran utilizados por el míster como ejemplo a seguir para el resto de jugadores, especialmente para quienes no sabían dar al balón con ambas piernas, tal y como era el caso de Casero, a quien el entrenador constantemente le insistía en que debía de aprender de ellos.

Entre los jugadores que le acompañaron durante su aventura verdiblanca se encontraban: Estévez, quien entró en el equipo casi a la par que Miguel; Portu, defensa estrella del Real Betis Balompié años posteriores; MesaCaseroBerro, con quien tenía mucho trato en los entrenamientos; ValentínAlfonsoArreciado, quien era capaz de marcar goles chutando desde su propia área; LuqueJiménezSegundoPradoMateoCarmona; etc.

Con ellos compartió inolvidables experiencias en partidos disp***dos, como por ejemplo, frente al "Agrupación Macarena", donde el joven González llegó a marcar un gol desde el mismo centro de campo, vistiendo la equipación de las trece barras verdiblancas. Fue una sensación única cuando el balón entró y la afición se alzó a la par cantando el gol. Girarte y que allá por donde mires todos te estén aplaudiendo, abrazando y alabando, sin duda son acontecimientos únicos capaces de emocionar a uno y dejar huella para el resto de tu vida. Momentos en los que un joven y humilde muchacho, a base de casta y coraje, puede hacer vibrar montones de corazones en un solo momento, levantar a cada persona de sus asientos, e incluso llegar a convertirse en todo un héroe para ellos. El arte del fútbol. El arte del corazón bético.

En un partido disp***do ante el "Patronato", tuvo la tentación de guardar para el recuerdo un camisolín verdiblanco que ese mismo día vistió. Tan sólo habría bastado con habérselo dejado puesto debajo de la ropa personal con la que iba y regresaba del partido. Pero son ocasiones que por diversas circunstancias, inconscientemente uno las deja pasar. Le encantaba aquel camisolín. Cada vez que se lo ponía dejaba de ser persona, para sumergirse en el equipo y pasar a ser una leyenda verdiblanca.

Por aquel entonces, un hecho que motivaba aún más a los jóvenes del filial del Real Betis Balompié, era la presencia de numerosos jugadores del primer equipo en los entrenamientos, quienes por aquel entonces, ante la crisis que había en el club, tenían que vivir dentro del estadio Heliópolis –concretamente, en la actual zona de Gol Sur–. Así pues, los jugadores aprovechaban para salir en los entrenamientos y contemplar a las jóvenes promesas.

En muchas ocasiones, organizaban partidos de la cantera verdiblanca contra el primer equipo del Real Betis, donde además de poner a prueba a la cantera, servía para entrenar a ambos equipos.

Al concluir cada jornada, Pepe Varela solía acercarse a los jugadores y charlar personalmente con ellos. En una de esas ocasiones, el míster se acercó a Miguel tras observar un duro rostro de cansancio en él. Y mientras le posaba su mano en el hombro, le decía:

-          Ahora te comes el bocadillo y te quedarás nuevo.

El joven nazareno sonreía ante aquellas palabras mientras asentía con la cabeza, pero no con su mente: “¿nuevo?, nuevo me voy a quedar por el camino de vuelta a casa, ¡madre mía!...” – pensaba Miguel.

Había ocasiones, como aquel día,  en las que el propio entrenador –quien por aquel entonces era además capitán de artillería– le acercaba a la parada de autobús en la moto, donde supuestamente Miguel cogería "el amarillo" para desplazarse a Dos Hermanas. Ojalá hubiera sido así. La realidad era que, como diariamente hacía, se disponía a recorrer numerosos kilómetros andando tras un duro día de trabajo y entrenamiento, bajo el atardecer de Sevilla. Un camino de vuelta que le servía para reflexionar sobre muchas cosas, entre las que destacaban: las jugadas ensayadas, las palabras del míster, los retos a superar, y cómo no, el modo de evitar aquel largo camino a pié. Para la ida, encontraba siempre a alguien que le llevara, pues se iba con cualquier camión que saliera rumbo a Sevilla desde el taller donde trabajaba, a lo cual su jefe no mostraba oposición alguna. El problema estaba a la vuelta, la cual se pasaba mirando hacia atrás cada vez que escuchaba un camión por si casualmente se trataba de algún conocido del taller. No había dinero que sobrara en casa para ningún tipo de transporte, y tampoco quería comprometer a conocidos. Era difícil poder luchar aquel sueño de ese modo. Se sentía totalmente impotente ante tal situación, pues el sueño apareció en una época complicada para él. Y aún más si no se contaba con el apoyo familiar. Era duro, y muy difícil de soportar. Sin embargo, una montaña no se derriba por muy fuerte que sople el viento. Y así era su corazón.

Aquel sueño no podía tener fin, era impensable. Nada ni nadie le quitaría eso de la cabeza, y menos aún cuando los rumores sobre su ascenso crecían. Por lo que estaba decidido a seguir con ello a pesar de las caminatas o de las broncas familiares que ello le pudiera repercutir. Mantenía la esperanza en que aquella situación cambiase, y que en cualquier momento, el apoyo anímico y económico llegase. Hasta entonces, el silencio seguiría en pié en el joven futbolista de Dos Hermanas.

Tanto es así, que un día, tras un duro partido disp***do con el Juventud Balompié –donde la mayoría de los jugadores eran mayores que él, a diferencia del equipo amateur, donde tenían edades similares–, llegó a lesionarse de un pié en una desafortunada jugada. A pesar del dolor que la lesión le causaba, era aún mayor la preocupación por los problemas que ello le supondría para ocultarlo en casa.

Poco más tarde de haber concluido el partido, cada jugador partió a sus correspondientes hogares, y una vez que se aseguró de que ninguno rondaba por allí, se dispuso a partir andando hasta casa. El dolor incrementaba conforme avanzaba en su trayecto, por lo que tuvo que dar alguna pausa en varias ocasiones, sin extenderse demasiado para no llegar demasiado tarde.

Tras horas de camino y, por supuesto, de tormento, por fin llegó a su hogar. Tenía la esperanza de que sus padres estuvieran durmiendo, y así poder meterse en la cama disimuladamente sin problema alguno. Una vez dentro, tras cerrar cautelosamente el pomo de la puerta, se encontró con alguien que parecía estar esperándole. Por suerte, se trataba de su madre, Dolores, quien no le daba tanta importancia al asunto del fútbol tal y como lo hacía su padre, Curro. Sin embargo, respetaba la opinión y decisión de su marido con respecto al tema. No dudó en atender la lesión de su hijo. Por supuesto, ella sabía que su hijo jugaba en el filial del Real Betis a través de los comentarios que abundaban en el pueblo sobre ello, tan sólo guardaba silencio en casa por el bien de todos.

Al día siguiente, la empresa le había concedido permiso para reposar. Antes de que su padre volviera a casa sobre las 12 del medio día, su madre le aconsejó que se escondiera fuera para que no le viera. Y así lo hizo, salió de casa para esconderse al final de la calle, donde estuvo vigilando todo el tiempo hasta que logró distinguir cómo su padre se marchaba. Tras ello, tranquilamente pudo continuar con el reposo en casa.

A pesar de los numerosos rumores que llegaban a Curro sobre las altas habilidades de su hijo para jugar a fútbol, era algo a lo que siempre se había mostrado totalmente desinteresado. Y si algo le hacía sentir, era un rotundo disgusto hacia él por practicarlo. Pero lo que resulta incoherente para algunos, es a su vez gratificante y apasionante para otros. Él jugaba por amor al fútbol y, ante todo,  al Real Betis Balompié. Era pura devoción. Algo que hoy en día se echa bastante en falta en el mundo del deporte.

Por ello, Miguel nunca llegó a firmar ningún tipo de contrato con el club. No le convenía que la realidad llegara a manos de su padre.

Inevitablemente, conforme su fama crecía, mayor era su leyenda en la tierra de Sevilla, y por consiguiente, mayores eran las posibilidades de que el secreto llegara a su padre. Y de hecho, fue en el almacén donde Curro trabajaba cuando por primera vez escuchó las hazañas de su hijo en el Juventud Balompié, y la posibilidad de que ascendiera al primer equipo. Aunque en el fondo se alegrara por él, y estuviera orgulloso, no mostró la más mínima intención de ayudarle de algún modo. Todo lo contrario, le intentó hacer ver que aquello no le llevaría a ninguna parte; que le estaba costando parte de su tiempo y rendimiento, y era tiempo que debería pasar trabajando, pues el deporte no le aportaría con seguridad nada de lo que, por el contrario, el trabajo sí le podía conceder.

Habían pasado cuatro años ya desde que Miguel había entrado en el equipo. Y en este momento, las palabras de su padre resonaban en su mente con más fuerza que nunca, pues además pudo contemplar cómo la más mínima esperanza que tenía de que le ap***se económicamente –si es que algún día las hubo–, se desvanecía por completo.

¿Era el momento de dejarlo?

Durante un tranquilo paseo por la calle Real de Dos Hermanas, mientras meditaba sobre su presente y, especialmente sobre su futuro, conoció a una joven mujer llamada María Soto Sosa, quien logró captar la atención de Miguel al instante. Ese rostro consiguió iluminar su camino y ser capaz de dividir su corazón en dos partes, y a quien le regalaría una parte de él sin duda. Pudo sentir cómo un nuevo sendero se abría ante él, y estaba dispuesto a sumergirse en él igual que había luchado por su sueño durante todo ese tiempo, y conforme la iba conociendo, mayor era su deseo por entregarse a este camino, y aún más resueltas quedaban sus dudas en torno al deporte.

Lo que restaba de temporada, la disfrutó como nunca antes lo había hecho –lo cual era difícil–, llenó su mente de innumerables recuerdos, de infinitas experiencias, de grandes celebridades junto a la afición, aumentando su amor hacia el club y hacia los colores que lo representan.

Miguel González Díaz en el Campo del Subcomité. Temporada 1954-55.
 

Aquel verano, tras concluir la temporada 1954/55, tomó la decisión de no volver al equipo para la siguiente temporada, a pesar de haber oído los rumores de su posible ascenso al primer equipo. Igual que en su momento sentía que tenía que jugar, ahora su corazón le susurraba que era el momento de dejarlo. Dejó a un lado tanto el filial del Real Betis Balompié como al Dos Hermanas C.F., y a partir de entonces, su tiempo libre quedaría distribuido trabajando en el taller de la “Colonia penitenciaria militarizada”; en María, quien sería su esposa; así como en asegurar y formar su propia familia.

Así pues, una calurosa noche de verano, cuyo cielo estaba cubierto por un reluciente manto de estrellas que contemplaban a Miguel – o lo que es lo mismo, a toda una leyenda que se ofrecía a una nueva vida–, miraba al cielo con la sensación de dejar atrás una inolvidable etapa, y decía a su vez:

-          Tal vez en otra vida.

Se había ganado una gran rep***ción entre todos los miembros del equipo, quienes sin duda le echaron en falta cada día, así como los seguidores que tuvieron el honor de verle jugar. Vivió miles de aventuras en cada partido, en cada entrenamiento. Se llevó consigo cada detalle vivido. Sin embargo, la aventura futbolística que tuvo sus inicios en equipos como “Textiles del Sur”, “Barrios del Saco”, “Los Amarillos”,  o “Ciento veinte”, había llegado a su fin en el histórico club del Real Betis Balompié, jugando tanto en el Juventud Balompié –que en los últimos años había pasado a llamarse “Balompédica Trianera”, para renombrarse años más tarde como el mítico “Triana Balompié”–, así como en el equipo amateur. Algo a lo que no cualquier persona ha podido llegar.

Ahora se adentraba en una nueva aventura de la que aún tiene el privilegio de seguir viviendo, cincuenta y siete años después de aquella difícil decisión. La aventura de vivir por y para su familia.

Nunca sabremos si la elección que tomó fue la más acertada, si al final hubiera alcanzado la cima o no. Pero cuando el corazón manda, hay que obedecer sin dudar. Y lo que nadie puede discutir, es la brillantez de esta persona tras contemplar la honradez, el valor, el esfuerzo y el amor con el que se entregaba en aquel sendero verdiblanco. Exactamente del mismo modo en el que se ha entregado en la aventura que decidió vivir el resto de su vida, en la que decidió amar en silencio al Real Betis Balompié, mientras entregaba toda su grandeza como persona hacia su amada familia.

Un día inesperado, un periódico llegó a nuestras manos, en cuyo contenido aparecía una imagen suya donde se le citaba como “jugador desconocido”. Personalmente, os puedo asegurar que ese “desconocido” se trata de alguien cuyo nombre y apellidos merecen ser recordados; alguien que el mundo necesitaría y desearía poseer a millones; alguien al que la vida le dio la oportunidad de vivir un sueño, y con casta y coraje así lo hizo; alguien por el que siempre estaré orgulloso y presumiré por cada rincón del universo; alguien al que admiro y quiero con locura…

Se trata de mi abuelo.

Autor: Juan Miguel González León 

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PODÉIS LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL EN: http://nuestrobetis.com/relatos-verdiblancos/una-leyenda-oculta-mig...

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Etiquetas: 1951, 1954, Balompié, Balompédica, Betis, Dos, Díaz, González, Hermanas, Juventud, Más...Miguel, Triana, Trianera, cantera, desenlace, historia, juventud, parte, real, segunda

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Comentado por Rubén Aivar en septiembre 15, 2012 a 7:38am
Me alegra mucho que se conocieran, dale un abrazo de parte de la familia Tinoco y felicidades por este tipo de artículo que hace que historias que quedaron en la memoria de grandes jugadores, puedan salir a la luz y puedan ser recordadas y admiradas por todos. Saludos.
Comentado por Emilio Díaz Díaz en septiembre 13, 2012 a 10:54pm

Colosal. Enorme .Grandioso Celestial. Personas como Miguel Gonzalez Díaz, gracias a su humildad y coraje hacen de este sentimiento una forma de vida. Orgulloso de haber nacido bético 

Comentado por Juan Miguel González León en septiembre 12, 2012 a 1:10pm

Acabo de comunicárselo y se ha alegrado al escucharlo, pues dice que le conocía perfectamente ya que coincidieron jugando en el Dos Hermanas C.F., eran amigos por aquel entonces en el equipo.

Saludos. 

Comentado por Rubén Aivar en septiembre 12, 2012 a 12:09pm

Ufff Me recuerda en muchos detalles a la historia de mi abuelo. Quizás se conocieron... era de Dos Hermanas y le decian "Tinoco" (Juan José Tinoco). Saludos.

Comentado por antonio en septiembre 12, 2012 a 11:15am

no era para menos,juan,yo lo pense

BLOG DESTACADO

Comentado por Juan Miguel González León en septiembre 12, 2012 a 10:45am

Dar las gracias de todo corazón tanto a los que estáis comentando (cuyas palabras estoy transmitiendo a mi abuelo), a los que por supuesto habéis leído la historia, y cómo no al gran equipo de esta web por ponerla en portada como blog destacado.

GRACIAS

Comentado por Urquiagaaresoaedo en septiembre 11, 2012 a 5:02pm

Está claro que si este bendito club es tan especial y grande es porque está formado y forjado por gente tan colosal y humilde como tu abuelo, pura casta, coraje y hombría de bien.

Enhorabuena, disfrútalo todo lo que puedas y dale las gracias por ser así, de parte de un bético. 

Comentado por jalberto betis en septiembre 11, 2012 a 3:23pm

un gran relato  que me ha emocionado enormemente. mucho betis

Comentado por Exiliado en septiembre 11, 2012 a 2:04pm

Chapó.

Comentado por jimi wilson en septiembre 11, 2012 a 1:15pm

Pues dígale a su abuelo que mis mas sinceras gracias por su amor a nuestros colores, por sus años de servicio, desinteresado por otra parte, a la causa verdiblanca, y le deseo que vea algún dia a nuestro betis de nuevo campeon. Gracias a usted también por contar una mas de las historias olvidadas.

Mi mas sincero saludo a los dos.

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